miércoles, 13 de marzo de 2013


Michel Foucault. Poder, derecho y verdad. Resumen
Por: David Garavito Cuervo
El asunto principal del que Foucault se ocupa en este texto es el cómo del poder. Es decir, más que analizar por qué se instaura el poder, que es el cuestionamiento tradicional de la filosofía política, lo que busca es rastrear los mecanismos que alimentan el poder en la sociedad occidental. Para esto, Foucault parte de la base de la existencia de una relación simbiótica entre el poder, el derecho y la verdad, siendo los últimos dos los puntos de referencia sobre los cuales el poder se erige y se alimenta. Para situar esta conexión, el filósofo francés nos remite a los orígenes de la tradición jurídica occidental, esto es, a la resurrección del derecho romano en función del poder monárquico del Occidente Medieval, del poder real. Según, Foucault, la tradición jurídica occidental surgió para provecho del rey, como instrumento del rey y como justificación de la autoridad del rey.  Este derecho real después, con el advenimiento de la era burguesa, tuvo que adaptarse a las nuevas realidades socioeconómicas y lo hizo mediante la teoría jurídico política de la soberanía.
Para Foucault es imperativo que no se confunda soberanía con dominación. Y esto es central para la ilustración del punto fundamental de este autor en este texto: cómo la convivencia contradictoria y a veces polémica, violenta,  entre derecho y disciplina es lo que constituye el poder. La soberanía es una teoría justificativa del deber de obediencia, y es la columna central del derecho; la disciplina es un agente de control. La primera se basa en la regla jurídica y la segunda en la natural. Y es esta conjunción del poder soberano y el poder disciplinario, según Foucault,  lo que realmente constituye al poder como un todo. En esta orden de ideas, la teoría jurídico política de la soberanía termina siendo la fachada, la cara bonita, de lo que es en realidad el poder, una  autoridad democrática que pone en marcha mecanismos de dominación, en el sentido fuerte de la palabra, pero está amparada bajo la legitimidad incuestionable de la soberanía que nace de las voluntades individuales. Mientras que la soberanía tiene injerencia sobre los bienes y las riquezas de las personas, por medio del deber de tributación y otras obligaciones, la dominación se apropia del tiempo y del trabajo de las personas. Por eso es que la sociedad occidental burguesa es necesariamente disciplinaria y democrática, así parezca contradictorio; porque necesita apropiarse de la capacidad productiva de los individuos y excluir a aquellos que no son normales, esto es, los que no son tan útiles. En términos historicistas, se podría decir que lo que Foucault hace en este texto es una historia subalterna del poder, una exposición de cómo funciona el poder desde abajo, y en círculos. Porque, según él, “más que preguntarse cómo el soberano aparece en el vértice, es necesario indagar cómo se han constituído los sujetos realmente, materialmente, a partir de la multiplicidad de cuerpos, de las fuerzas, de las energías, de las materias, de los deseos, de los pensamientos” como consecuencia del accionar de ese triangulo entre el poder, el derecho y la verdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario