Michel Foucault. Poder,
derecho y verdad. Resumen
Por: David Garavito Cuervo
El
asunto principal del que Foucault se ocupa en este texto es el cómo del poder. Es decir, más que
analizar por qué se instaura el poder, que es el cuestionamiento tradicional de
la filosofía política, lo que busca es rastrear los mecanismos que alimentan el poder en la sociedad occidental. Para
esto, Foucault parte de la base de la existencia de una relación simbiótica
entre el poder, el derecho y la verdad, siendo los últimos dos los puntos de
referencia sobre los cuales el poder se erige y se alimenta. Para situar esta
conexión, el filósofo francés nos remite a los orígenes de la tradición
jurídica occidental, esto es, a la resurrección del derecho romano en función
del poder monárquico del Occidente Medieval, del poder real. Según, Foucault, la tradición jurídica occidental surgió para
provecho del rey, como instrumento del rey y como justificación de la autoridad
del rey. Este derecho real después, con
el advenimiento de la era burguesa, tuvo que adaptarse a las nuevas realidades
socioeconómicas y lo hizo mediante la teoría jurídico política de la soberanía.
Para
Foucault es imperativo que no se confunda soberanía con dominación. Y esto es
central para la ilustración del punto fundamental de este autor en este texto:
cómo la convivencia contradictoria y a veces polémica, violenta, entre derecho y disciplina es lo que
constituye el poder. La soberanía es una teoría justificativa del deber de
obediencia, y es la columna central del derecho; la disciplina es un agente de
control. La primera se basa en la regla jurídica y la segunda en la natural. Y
es esta conjunción del poder soberano y el poder disciplinario, según Foucault,
lo que realmente constituye al poder
como un todo. En esta orden de ideas, la teoría jurídico política de la
soberanía termina siendo la fachada, la cara bonita, de lo que es en realidad
el poder, una autoridad democrática que pone en marcha mecanismos
de dominación, en el sentido fuerte de la palabra, pero está amparada bajo la
legitimidad incuestionable de la soberanía que nace de las voluntades
individuales. Mientras que la soberanía tiene injerencia sobre los bienes y las
riquezas de las personas, por medio del deber de tributación y otras obligaciones, la dominación se
apropia del tiempo y del trabajo de las personas. Por eso es que la sociedad
occidental burguesa es necesariamente disciplinaria y democrática, así parezca
contradictorio; porque necesita apropiarse de la capacidad productiva de los
individuos y excluir a aquellos que no son normales, esto es, los que no son
tan útiles. En términos historicistas, se podría decir que lo que Foucault hace en este texto es una historia subalterna
del poder, una exposición de cómo funciona el poder desde abajo, y en
círculos. Porque, según él, “más que preguntarse cómo el soberano aparece en el
vértice, es necesario indagar cómo se han constituído los sujetos realmente,
materialmente, a partir de la multiplicidad de cuerpos, de las fuerzas, de las
energías, de las materias, de los deseos, de los pensamientos” como consecuencia del accionar de ese triangulo entre el poder, el derecho y la verdad.
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